viernes, 8 de febrero de 2008

Cartas al director: Heraldo 7/2/2008

Cuentan las crónicas


Cuentan las crónicas de que el califa andalusí Al Hakam I, celoso de su seguridad y poco confiado en su entorno, decidió instaurar una guardia palacial de ciento cincuenta narbonenses a los que añadió peones gallegos, francos, eslavos… Todos los cuales, desconocedores del árabe, acabaron siendo conocidos con el sobrenombre de los silenciosos aunque alguno de ellos probablemente tendría cosas interesantes que decir.

Los silenciosos de los que te quiero hablar son más actuales. Habitan entre nosotros, e incluso el vecino del quinto, tu compañera de trabajo o, quien sabe, ese familiar raro, podría ser uno de ellos. Carecen de signos externos que los identifiquen por lo que es importante tener unas pautas para descubrirlos.

Huérfanos de un Esténtor escuchan las grandes palabras de Zapatero, que usa de ellas como de zancos que le elevan sobre la realidad, palabras sedantes que anestesian cualquier contratiempo para ir tirando día a día, y no encuentran ahí su voz.

Oyen a Rajoy, hombre de apariencia sensata y razonable pero dado a poner parches donde hace falta un bisturí, a hablar con voces diferentes, contradictorias, en Cataluña o Andalucía, a modular su tono según los intereses de ese feudalismo lleno de barones sobre el que gobierna, y no se reflejan en sus palabras.

Creen que la igualdad entre todos los españoles exige que privilegios basados en derechos históricos sean superados, que la solidaridad entre los territorios presupone cierta coordinación del Estado y la desaparición de estrambóticas cláusulas como las reservas hídricas contenidas en los Estatutos. Opinan que no pueden existir diecisiete modelos educativos a merced de los “modeladores” de naciones.

Desean una Ley Electoral que represente la realidad social del país y no prime artificiosamente a minorías territoriales que luego ser convierten en pequeños tiranos que nos arrastran a todos en sus veleidades.

Estiman que la seguridad jurídica es consustancial a la democracia y demanda la aplicación de las leyes por encima de coyunturas, “sensibilidades” o intereses políticos puntuales.

Piensan que es necesario reformar la Constitución pero no al grito de “el último que apague la luz” o para desmembrar el país, sino para alcanzar una mayor cohesión y primar criterios de eficiencia y servicio al ciudadano por encima de los insoportables debates esencialistas.

Razonan que la independencia del poder judicial no permite que sus órganos de gobierno alberguen meras delegaciones de los partidos. Añoran un debate político que se aleje de la dialéctica del “y tú más” que lo vicia y empobrece. Exigen que se les hable no como a menores a los que hay que tutelar o lo que es peor, como a hinchas deseosos de consignas que vociferar, sino como a personas que saben discernir y matizar.

Atrapados entre tirios y troyanos, hastiados de no participar o de hacerlo a la contra, parecen haber llegado a aquella vieja conclusión de que “si tú no te ocupas de la política, la política se ocupará de ti”.

Se han vuelto peligrosos, pues se han organizado en torno a las siglas UPyD. Las “autoridades” vigentes se han apresurado a tomar medidas y así los banqueros les han negado cualquier tipo de crédito, pues hasta ahí podíamos llegar.

Pero hay algo todavía más terrible: tú podrías ser uno de ellos.

Ramón José Gil Casajús
Simpatizante UPyD Zaragoza

3 comentarios:

RAFA dijo...

Excelente artículo Ramón. Hace falta un aire nuevo en la viciada política española. Espero que lo traigáis vosotros.

RAFA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
RAFA dijo...
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