miércoles, 28 de mayo de 2008

CAMBIAR EL "SKY LINE"



Una ciudad se reconoce básicamente por su perfil, por el dibujo que su arquitectura deja en el cielo. Incluso una ciudad pequeña, como Huesca, se reconoce en la lejanía por el broche secular de la catedral coronando el cerro, recortada sobre todos los horizontes. Salvo cuando se llega a la ciudad por el Oeste, y se impone la amorfa masa de la Avenida Pirineos, desgraciado fruto de un modelo de urbanismo que creíamos superado.

Decimos "creíamos", porque la solución dada al "Polígono de las Harineras" por parte del Ayuntamiento, supone retroceder a un modelo constructivo en el cual la cantidad y, sobre todo la verticalidad modifican todo el perfil de la ciudad, en este caso, desde todas sus perspectivas. El problema no es solo estético, cabría la posibilidad de opinar sobre ello, sino que este cambio fundamental acarrea la vuelta a un modelo especulativo propio de otras épocas. 82.000 metros cuadrados dando soporte a 1300 viviendas, sólo pueden sustentarse en torres que suponen muros dado el parco terreno en que se acumulan. Ver el proyecto en su conjunto supone no dejarse llevar por el espejismo de las dos fálicas torres de 17 pisos, sino por el efecto "muro" de las otras cinco proyectadas a prácticamente la misma altura, y por todo el acúmulo constructivo que precisa un número tan elevado de viviendas.

Una ciudad como Huesca, sin una necesidad desmesurada por crecer dada la carencia de proyectos industriales o de servicios que modifiquen de forma espectacular su población, no precisa un laboratorio para crear una "nueva ciudad" como continuidad de la vieja ciudad que ha sido y sigue siendo. No hay ni siquiera un proyecto serio de constituirse en una ciudad dormitorio de Zaragoza, que podría ser una oportunidad si se potencian adecuadamente los transportes entre ambas ciudades. La única urgencia para realizar un proyecto sin sentido deviene de la capacidad especuladora de un modelo que periclita y de un Ayuntamiento dispuesto a convertirse en "conseguidor" de intereses nada genuinamente populares.

El Ayuntamiento ha llegado a un convenio con las empresas harineras, en el que ha colocado el proceso especulativo en cabeza, justificación para el precio que ha pagado y ha envuelto con la palabra de moda, "modernidad" el despropósito especulativo que supone volver a modelos superados. Con prisas, con escasa información y con nula discusión ciudadana, pero con la envoltura de lo "moderno" como reclamo que haga olvidar el proceso carente de espíritu democrático y concejil que ha parido el "Polígono de las Harineras".

Las necesidades poco confesables de la Alcaldía han dado lugar a un proyecto antiguo, especulativo, afuncional por su carga demográfica, carísimo para los oscenses, obligados en solitario a asumir los gastos que se derivan del traslado de las industrias harineras. No es menos desdeñable el impacto estético. Modifica de forma dramática el "sky line" de la ciudad, que ya no tendrá referencia en la frágil silueta de la catedral sobre el cerro de la ciudad prerromana, sino en la silueta de una ciudad impersonal, amorfa, destinada a creer que la construcción de un "down town" por decreto será la confirmación de la entrada de Huesca en la posmodernidad.

El "Polígono de las Harineras" no es solo responsabilidad de los grupos municipales que han aprobado el proyecto. Es también la prueba de un fracaso colectivo, de la falta de respuesta ciudadana a una alcaldada, de la fragilidad de las entidades vecinales. Una prueba más de la necesidad de una amplia, urgente regeneración democrática. Un proyecto que cambiará el horizonte de la ciudad y que condicionará su futuro económico, exige un amplio diálogo ciudadano, un consenso que va mas allá de la aprobación de los grupos políticos municipales. Lo legítimo no debe hacernos olvidar que no siempre se corresponde con lo justo, y mucho menos con lo conveniente.

Miguel Ángel de Uña.

Portavoz de UPyD en Huesca.

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